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  • La formación en violencia de género, fundamental para muchos profesionales

    Formación en violencia de género

    Una adecuada formación en violencia de género es clave para combatirla

    47 víctimas se ha cobrado la violencia de género a lo largo de 2018 en nuestro país. Solo 14 de ellas, menos del 30%, habían denunciado a su asesino según los últimos datos publicados por el Ministerio de Sanidad. En los casos en que sí hubo denuncia previa, en 13 había sido interpuesta por la propia víctima y solo en uno por personas de su entorno. Además, de los 14 casos de maltrato denunciados ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, en cuatro de ellos las víctimas decidieron no continuar con el proceso. Unas cifras que vuelven a poner negro sobre blanco que España tiene un largo camino por recorrer en materia de violencia de género y que exige el compromiso de todos para poder alcanzar la meta.

    La formación en violencia de género es el mejor instrumento para comprender los mecanismos mediante los cuales se ejerce, las señales que manifiesta para reconocerla, cómo acercarnos a la víctima y abordar la situación y, lo más importante, cómo ayudarla a salir de ella.

    Desde todos los sectores (educativos, jurídicos, sanitarios, políticos…) se insiste en que la educación está en la base de la lucha contra la violencia de género. Ya lo decía Pitágoras en el siglo V a.C: “educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Por eso la formación en violencia de género debe ser prioritaria tanto en los planes de estudio de las escuelas como en todos los ámbitos profesionales que intervienen en la lucha contra ella.

    Qué es la violencia de género

    La Ley Orgánica 1/2004 de Protección Integral contra la Violencia de Género en su artículo 1 la define como: “Todo acto de violencia (…) que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia. (…) que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”. Es por ello que podemos hablar hasta de 7 tipos de violencia de género: física, psicológica, sexual, económica, patrimonial, social y vicaría.

    Por qué es importante la formación en violencia de género

    La formación en violencia de género es el mejor instrumento para comprender los mecanismos mediante los cuales se ejerce, variados y muy complejos, las diferentes formas en que se presenta, las señales que manifiesta para reconocerla, cómo acercarnos a la víctima y abordar la situación y, lo más importante, cómo ayudarla a salir de ella. El hecho de que la violencia de género pueda ser ejercida de tantas formas diferentes, algunas muy sutiles y difíciles de identificar, otorga una mayor importancia a la formación sobre ella. Gracias a ella seremos capaces de detectar más casos y de forma más temprana.

    Qué profesionales deben formarse en violencia de género

    Aunque la lucha contra la violencia de género es una tarea que nos compete a todos, hay sectores profesionales en los que la formación en ella es aún más importante. Por ejemplo, el educativo. Los maestros y profesores forman a los adultos del mañana y por todos es sabido que la infancia es el mejor momento para educar en valores. Los planes de estudios deberían contar con horas lectivas para la formación en la igualdad que incluyera contenidos sobre violencia de género. Además, los profesores deberían contar con las herramientas para identificar casos de violencia ejercidas sobre los niños desde el hogar para poder protegerles.

    Otros profesionales que, sin lugar a dudas, necesitan formación en violencia de género son los sanitarios: médicos, especialmente los que trabajan en servicios de urgencia y los médicos de familia, enfermeras y enfermeros y psicólogos y psicólogas, además de los trabajadores y trabajadoras sociales, desarrollen su labor donde la desarrollen.

    Para las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado es una formación de inmensa utilidad y de hecho los diferentes cuerpos cuentan con unidades especializadas en ella y el sector político y el legal, abogados, fiscales y, sobre todo jueces, y el político deberían formarse ampliamente en esta materia, pues son los que, en última instancia, desarrollan y aplican las leyes para combatir todas sus manifestaciones.

    En iFIS Educación contamos con cursos para formarte en este campo. No dudes en inscribirte a ellos.

  • iFIS Educación y su compromiso con el lenguaje inclusivo

    El lenguaje inclusivo, un paso necesario

    El lenguaje es un reflejo de nuestra sociedad y como ella va evolucionando con el paso de los años. Más o menos rápido, dando pasos al frente y, a veces, reculando. Como cualquier persona. Somos conscientes de que el lenguaje determina nuestro pensamiento y nuestra forma de concebir el mundo. Asimismo, también admitimos que existen términos, expresiones y giros machistas o racistas casi inherentes al lenguaje. No nos damos cuenta pero están. Reflexionar sobre su uso, sobre su origen y su significado literal es lo que nos permite liberarnos de esas cadenas que nos atan a un pasado retrógrado y poco integrador. Es la reflexión, en este caso lingüística, la que nos permite avanzar hacia una sociedad más igualitaria, más respetuosa y más sensible al peligro de la discriminación por cualquier motivo.

    El lenguaje determina nuestro pensamiento y nuestra forma de concebir el mundo y existen términos, expresiones y giros machistas o racistas casi inherentes en él.

    Qué es el lenguaje inclusivo

    El lenguaje inclusivo o no sexista es el que nace fruto de esta reflexión. Es un movimiento global, no es exclusivo de nuestro idioma. Busca evitar precisamente los términos y expresiones con fondo machista, clasista, racista… A veces es fácil: simplemente sustituir “el hombre” por “las personas”; “azafata” por “auxiliar de vuelo”. En otras ocasiones es más complicado: ¿es el masculino plural una cuestión gramatical o surge del androcentrismo? ¿Cómo compaginamos la coherencia de género con el lenguaje claro sin olvidarnos de la corrección gramatical? De estas dificultades nacen soluciones más o menos originales, funcionales, fugaces… Son el uso de la “e”, la “@”, la “x”… o, directamente, la elección del femenino plural. El lenguaje está vivo y muta a cada paso que damos. Nadie sabe qué opciones prevalecerán y cuáles caerán en el olvido.

    En IFIS Educación nos comprometemos con los cambios que permitan a la sociedad avanzar hacia un futuro integrador, social e igualitario. Los contenidos de nuestros cursos, nuestras publicaciones y actividades persiguen siempre este lenguaje inclusivo y no sexista. A veces con mayor o menor acierto pero siempre en esa dirección.

    No será fácil. Habrá que buscar el equilibrio entre lenguaje claro, corrección gramatical, sencillez y eficacia pero aceptamos con motivación los retos profesionales y personales que nos plantean los nuevos movimientos sociales. Creemos en el tipo de sociedad que perseguimos y hacia ella nos dirigimos.

  • Mitos sobre violencia de género y menores

     

     

    La violencia de género y sexual siempre ha generado un gran debate. Debate producido, por una parte, por numerosos mitos que han ido surgiendo, creciendo y adaptándose a las circunstancias. Pero la violencia infantil también desata mitos que merecen ser desmentidos por lo que el abuso hacia los menores y jóvenes es por sí mismo.

    Mitos sobre la violencia infantil:

    “LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS FABULAN. MUCHAS VECES SÓLO QUIEREN LLAMAR LA ATENCIÓN…“

    Es uno de los mitos que aparecen con más frecuencia cuando las/os menores verbalizan vivir situaciones de Violencia de género y/o sexual, lo cual supone en numerosas ocasiones la culpabilización de las/os menores, así como también la regresión en su testimonio (no querer volver a pedir ayuda). La veracidad del testimonio siempre se pone en entredicho cuándo los/as niñas y niños deciden pedir ayuda y contar lo que les sucede. La postura de las/os menores ante la violencia de género en numerosas ocasiones es la negación (con emociones de miedo o vergüenza), es por ello que cuestionar su testimonio puede causar lo que conocemos como victimización secundaria.

    “LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS NO SON VÍCTIMAS DIRECTAS DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO”

    Las y los niñas/os víctimas de violencia de género son víctimas directas. Un 70% de los agresores ha hecho uso de los menores para seguir en las vidas de las mujeres. El 58%  ha utilizado a las/os hijas/os para intimidar a las mujeres o acosarlas. El 69% ha usado a las/os menores para obtener información sobre ellas.  Un 54% utiliza a las niñas/os para retomar la relación. Incluso un 44% de los agresores usa a las niñas y niños para atemorizar a las mujeres. Además de la utilización de las y los menores por parte de los agresores (y las consecuencias y secuelas que esto conlleva) las/los menores sufren la violencia de género de forma directa, lo cual provoca graves daños y consecuencias en ellos y ellas.

    “EN LA VIOLENCIA DE GÉNERO LOS/AS NIÑOS/AS NO SE ENTERAN DE LO QUE SUCEDE. ES MEJOR NO HABLAR DE ELLO CON LAS NIÑAS/OS VÍCTIMAS”

    Las niñas y niños que sufren violencia de género incrementan síntomas comportamentales y emocionales, así como también incorporan una sensación de alerta constante. Además de esto, las niñas y niños suelen sufrir una confusión de roles por la situación de violencia que viven, en dicha confusión suelen asumir roles de tipo: cuidadora/or, confidente de la madre o del agresor, asistente del agresor, árbitro, chivo expiatorio, etc,. Con lo cual, no solo conocen la violencia de la situación que viven sino que también sufren graves secuelas, aunque en ocasiones nieguen ser conscientes de lo que sucede o no sepan verbalizar lo que están sufriendo.

    “LOS HIJOS E HIJAS DE MALTRATADORES EJERCERÁN LA MISMA VIOLENCIA”

    Vivir en una familia donde la madre es maltratada significa estar expuesto/a a situaciones de violencia, opresión y control, así como también a un modelo de relación basado en el abuso de poder y la desigualdad. Modelos que en ocasiones las y los pequeños, que son víctimas directas de la violencia de género, podrían copiar. Si se lleva a cabo un trabajo de recuperación/reparación de la situación de violencia, no perpetuarán los modelos de violencia de género que han  vivido dentro de la familia.

    Si quieres profundizar en la violencia de género en menores te ofrecemos estos posgrados:

    Violencia de Género: Prevención, Detección y Atención

    PorFundación para la Convivencia Aspacia

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